Hoy es día de belleza, Visconti

Hoy es día de belleza. No me preguntéis porqué, pero así lo veo yo. Me desperté en una mañana luminosa y tras un relajante paseo me puse ante esta ventana a mi mundo real que es Internet y distintas situaciones me llevaron pensar en la Belleza, una de mis obsesiones, al menos la percepción de ella por parte de los humanos.

¿Qué cosa puedo aportar hoy que sea realmente bella? Pensé… cierto, demasiadas cosas hermosas como para elegir solo una y quedarme contento. Seguí pensando e indagando por ese país llamado YouTube hasta que la encontré. Sí que existe una “Cosa” total que sea una experiencia de la Belleza. La película “La muerte en Venecia”, basada en la obra homónima de Thomas Mann.

¿Por qué la  he considerado de ese modo? Porque todo en esa cinta es Hermoso. Desde el protagonista, Gustav von Aschenbach, que se refugia en Venecia, ciudad de belleza decadente, para curarse de una depresión por la pérdida de su capacidad para crear Belleza desde su música. Pero conoce a Tadzio, un adolescente, al que convierte en la imagen absoluta de lo Bello y queda absorbido por él ¿Cómo puede el ser humano crear algo que se acerque remotamente a la hermosura de ese muchacho?

Es desde esa historia que Luchino Visconti nos regala planos y planos de una belleza irrepetible. Un film que desde que comienza hasta que termina está alimentado de la lentitud del Adagio, y de la hermosura de este, cuyo eje central es el adagietto de la 5ª sinfonía de Mahler, paradigma de lo Bello.

Una película que nos habla de la Belleza, filmado en una ciudad preñada de belleza, cuyos planos, desde el primero al último persiguen la Estética y que culminan con una de las páginas más hermosas que nos legó el Adagista Gustav Mahler.  Espero que os guste.

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2 respuestas a Hoy es día de belleza, Visconti

  1. Manel Artero dijo:

    Comienzo con una frase, creo que de la película:
    “Aquél que ha contemplado la belleza está condenado a seducirla o morir”.

    Dicho esto, imagino que el corazoncito debe ir para Gustav von Aschenbach, alter ego de Gustav Mahler en la película. Quién si no él merecería un detalle como éste.
    La vi por primera vez en 1973 ó 74, a los 19 años, en un tiempo en el que este tipo de cine se pasaba en salas llamadas: “de arte y ensayo”. Nunca entendí muchos de los eufemismos de la dictadura de Paco el matarife, pero eran salas donde descubrimos a Ingmar Bergman, Werner Herzog, Visconti, Fellini, Buñuel… un lujo, si cuentas la oscuridad en la que se movía españa (aunque no tanta como ahora, que ya es difícil).
    Recuerdo mi salida de la sala. Iba flotando. En mi cabeza resonaba la maravillosa música de un desconocido Mahler, y con ella, y a su mismo ritmo, pasaban las imagenes de una Venecia hermosamente decadente en la que una burguesía adormecida desgastaba la vida en una lenta nada…
    Me sacó del embeleso un frase dicha, imagino que por algún “Homo Hispánicus Percojonensis”: «Pues para estar dos horas viendo a un par de maricones, mejor me hubiera quedado en casa».
    Así es la vida, la realidad es capaz de pegarte las peores patadas en la sensibilidad hasta ponerte al nivel del suelo.

    Un beso.

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